Arqueología de la sexualidad sagrada
Tiempos lejanos, tiempos llenos de sombras, tiempos en los que se ha dedicado muchos esfuerzos a sepultar, enterrar, ocultar… ¡Qué ridiculez es esa que defienden algunos diciendo que Dios creó el mundo en el 4000 a.C.! Es lógico que lo desterraran y consideraran algo sucio, sólo a través del sexo pueden controlarnos, así lo han hecho todas las religiones y ¿dónde está la evolución del ser humano? Cada día que pasa hay menos amor y más violencia. La violencia no es más que represión, insatisfacción, deseo frustrado. Se denuncia y censura antes una película erótica que una violenta, ¡qué hipócrita es esta sociedad!
Como dijo un emperador japonés a finales del siglo XIX cuando impidió que el “8º de caballería” se adueñara de Japón y les llevara sus “magníficas costumbres puritanas”: “debemos abrirnos hacia el futuro, debemos crecer y evolucionar, pero no podemos olvidar quienes somos y de donde venimos, pues perderíamos nuestra identidad“. Efectivamente, y no sólo nuestra identidad sino que además causaremos muchas patologías por esa obsesión que tenemos con la sexualidad: “o bien la reprimimos considerándola sucia, de malaeducación o vulgar, o bien, nos entregaremos a ella sin ningún tipo de control, seguridad o consciencia, consiguiendo esclavizarnos más aún.” Violencia, posesividad, inconsciencia, esclavitud… El homínido de la actualidad está más que perdido. La ciencia y la tecnología han evolucionado pero no podemos decir lo mismo de nosotros, aún somos homínidos, pues el sexo es un grave problema sin resolver.
La sexualidad sagrada estuvo presente en la mayoría de las antiguas civilizaciones, y también en la del Indo, en la que esta práctica se asoció con la veneración a la Gran Diosa. Diversas excavaciones arqueológicas han hallado numerosas figuras de terracota de mujeres desnudas, consideradas representaciones de la Gran Diosa. Alguna de estas estatuillas tienen tocados muy elaborados y se supone que se utilizaban como objetos de culto en santuarios domésticos.
En las excavaciones realizadas en las ciudades de Mohenjo Daro y Harappa, en India, se encontraron miles de moldes de sellos de esteatita. Uno de ellos representa la sorprendente imagen invertida de una mujer que da a luz una planta, un motivo de fertilidad que se asocia con la Gran Diosa de la era, supuestamente, Neolítica. Otro de los sellos muestra una figura femenina de largos cabellos, parada entre dos ramas de una planta muy estilizada, con otra figura arrodillada delante de ella. Ambas lucen cuernos, y sugieren una dimensión divina o sagrada.
El texto Devi-Mahatmya, Gloria de la Diosa, que es una de las partes del Markandeya-Purana del siglo IV de nuestra era, incluye un versículo en el que la Diosa sostiene al mundo con plantas que mantienen la vida, que crecen de su cuerpo. Es muy probable que una de las divinidades hindúes, la Diosa Annapurna, Totalidad de Alimento, derive directamente de la Diosa Madre del Valle del Indo.
Los hallazgos arqueológicos de Harappa incluyen también muchos objetos de forma cónica, que se consideran representaciones del lingam (falo). Asimismo, piedras con formas de anillo parecen representar el órgano femenino (yoni). Estos hallazgos permiten establecer una notable continuidad del motivo linga-yoni en la civilización hindú, y su invariable simbolismo sexual y de fertilidad que se remonta al periodo Neolítico.
Existen numerosas conexiones entre el hinduismo y la cultura tribal de los invasores de las estepas rusas, quienes eran portadores de un importante compendio de conocimientos, plasmado en las escrituras sánscritas más antiguas: los cuatro Vedas y el Mahabharata. Recordemos que antes de esto, la tradición Tántrica escribía en una lengua de la rama dravídica, que nada tiene que ver con las lenguas indoarias, cuyo representante más importante es el sánscrito, y del que derivan el latín, el griego, las lenguas germánicas, eslavas y románicas. Un representante actual de esa gran familia de lenguas dravídicas lo encontramos en el tamil, lengua que en la actualidad se habla en la provincia del sur de India, Tamil Nadu.
Mientras que el hinduismo más corriente y difundido muestra una clara tendencia hacia el puritanismo y el ascetismo propias del jainismo y budismo, que rechaza el gozo vital. La cultura de las tribus prevédicas de antes del 2.500 a.C. exaltaba la vida y mostraba una actitud positiva y favorable al sexo. Este puritanismo que influenció al hinduismo se reforzó con las invasiones del cristianismo, el islamismo y finalmente con el anglicanismo, puritanismo victoriano traído con los británicos. Y recordemos que siempre que se reprime alguna cosa, siempre que hay puritanismo, después a “escondidas”, se hacen las mayores barbaridades provocadas por mentes ignorantes y calenturientas. Y la soberbia surge cuando ya no es a escondidas sino en nombre de Dios, más bien su dios, es decir, su ego proyectado en lo divino. Recordemos las mentes sucias y calenturientas de la Santánica Inquisición.
Estas tribus prevédicas gustaban de la danza, la música, la risa y el juego, y no se oponían de ningún modo a la ebriedad. Celebraban la vida, la divinidad, sin ser esclavos de ninguna iglesia ni dogma. Como reza un dicho tántrico:
Cuando hay que meditar, se medita, se guarda silencio;
cuando hay que trabajar, se trabaja, sin prisa pero sin pausa;
cuando hay que rezar, se reza;
cuando hay que hacer el amor, ser hace el amor.
¿En la actualidad hacemos algo de eso? En los himnos védicos es posible encontrar numerosas exaltaciones de la actividad sexual, que en muchos casos poseen carácter simbólico, pero en muchos otros deben interpretarse literalmente. Recordemos que el Rig Veda, el primero de los vedas, recoge muchas de las sabidurías de las antiguas civilizaciones dravidianas de los Valles del Indo y Sarasvati, incluso más allá de Mehrgarh (del 7000 a.C. al 3200 a.C.).
Para las tribus prevédicas, el cosmos estaba formado por dos elementos principales: el masculino y el femenino. Veían a todo el universo dispuesto en parejas sexuales sagradas. Esto debe interpretarse como el maithuna entre Siva y Sakti; o yin-yang como dirían los taoístas. Es decir, a lo que todo tántrico aspira, la unión de los pares de opuestos (alegría-tristeza, riqueza-pobreza, ira-sosiego,…) que nos lleva a Paramashiva, la Iluminación, el Nirvana, el Tao, la Revelación, el Kaivalya, como te guste llamarlo. Esta era la clave de la producción natural y de la germinación que producía la lluvia. Para activar el sexo cósmico cuando lo necesitaban, o para asegurar que las parejas cósmicas no los defraudarían, crearon rituales en los que el sexo se imitaba con acción o hechizo oral.
Los pares de opuestos no se reprimen como hacen en la actualidad con los psiquatras y psicólogos. La bipolaridad es el flujo natural de la vida pues es imposible estar felices y alegres permanentemente como si fuéramos máquinas; aunque cierto es que hay mucha “sonrisa profident” por el mundo, mucho narcisista. Las bipolaridades se viven, se sienten, se disfrutan, se observan de la misma manera que uno observar una obra de teatro o una película, sin juzgar, sin identificarte. Si lo haces entonces vivirás un infierno. El infierno que vive todo ciclotímico. Recuerda tú no eres ni tus emociones ni tus ideas ni tus pensamientos. Tú eres quien observa, tú eres el observador. Si te identificas a ello serás un esclavo y las patologías brillarán en ti.
El erotismo cósmico es la fuente de la sexualidad sagrada. La unión de las divinidades padre y madre, o hija, se llamaba mithuna, que es la forma original del término maithuna. Ambas palabras provienen de la raíz mith, que posee un significado doble: “asociar con y estar en conflicto con“, un detalle ciertamente significativo. La sexualidad sagrada tenía un importante papel en los antiguos rituales védicos y prevédicos. Para un Brahman devoto, todo contacto sexual con su esposa debía adoptar la forma de rito sagrado. Aunque es sabido que los Brahmanes tenían una manera muy especial de concebir lo sagrado que está en absoluto desacuerdo con la concepción Tántrica. Para un Tántrico la mujer es la Diosa, la Puerta, a través de ella, con ella y para ella concebimos lo sagrado, lo profundo, los trascendente, la gran Diosa, la Sakti. Por tanto, no se puede forzar a ninguna mujer, ella debe desear caminar hacia el mismo lugar que su pareja. Además Siva buscó y encontró el maithuna con Parvati, su consorte, al igual que ella a él, según nos cuentan los Puranas y el Kumarasambhava.
En el Brihad Aranyaka Upanishad, una escritura brahmánica del siglo VIII o IX a.C. relata la siguiente ceremonia sexual:
La esencia del hombre es purushna, el semen. Para proporcionar una base sólida para el hombre, el Creador Prajapati modeló una mujer. Cuando terminó, la veneró “abajo”. La vagina es el altar; el vello púbico es el pasto de sacrificio con el cual se enciende el fuego; los labios son el fuego de sacrifico.
Aquel que conoce este secreto comparte el gran mundo del Creador. Pero, aquel que practica el sexo sin saberlo, pierde su semen, su mérito a la mujer. Cuando se derrama aunque sea una diminuta cantidad de semen, debe reclamarlo y, con ello, su fuerza y su resplandor. Debe recogerlo con el dedo, y con el pulgar, frotarlo en su propio pecho y frente, mientras se recita:
En mí, ¡sé vigor, poder, belleza, riqueza y mérito!
El hombre debe acercarse a su Diosa, su mujer, después de su menstruación. Si ella rechaza sus avances, debe seducirla, adorarla y besarla con el mayor de las devociones y amor. Es su Diosa, eso nunca debe olvidarlo, debe tratarla como tal… mientras recita el hechizo mágico:
Con poder y gloria, ¡venero tu gloria!
Sin embargo, si ella se le ofrece para complacerlo, debe recitar el siguiente mantra:
Con poder y gloria, ¡te doy gloria!
De esta manera, los dos se llenan de gloria. Después de penetrarla y unir “boca con boca”, debe recitar un verso, para que la mujer esté completamente absorta y entregada a su amado. Si no es el destino que la mujer conciba, el debe decir:
Con poder, con semen, ¡reclamo el semen de ti!
Pero si está destinada a concebir, debe decir:
¡Deposito el semen en ti!
En el segundo caso, debe separar las piernas de ella y decir:
¡Separados en cielo y tierra!
Este revelador pasaje de autor anónimo ofrece recetas mágicas para proporcionar fertilidad al útero con la invocación de las diferentes deidades. Pero si no hay una perfecta unión, pasión, fusión y amor entre ambos no funcionará. Los mantras no funcionan cuando se gritan o se dicen desde el ego, funcionan cuando la mente está en silencio y se pronuncian desde el corazón. Recordemos que si no hay una meditación profunda, los mantras no funcionarán, serán tan solo meras frases bonitas.
Este es un texto brahmánico, por tanto, patriarcal, donde se ve la importancia de la fecundación y la obsesión por retener el semen de los Brahmanes. Los Tántricos prevédicos no le daban tanta importancia a esto, preferirán entregarse a la pasión para que ésta les condujera a la Gran Diosa. Para ellos, los tántricos prevédicos, lo más importante era la no disipación de la energía en general. Hay muchas maneras de perder energía: parloteo o rulo mental, reunión y convivencia con personas insanas, que no desean evolucionar, que manipulan, mienten o son violentas, exceso de contactos sexuales con pérdidas de fluidos o con exceso de contenciones…
En la actualidad ha surgido una nueva patología con todos estos pseudotántricos obsesionados con la no eyaculación, a todos les pasa que su próstata se inflama. Hay dos graves errores para que esto suceda: la obsesión y querer obtener resultados demasiado rápido. Un hombre de 30 debe eyacular cada 2 días; uno de 40, cada 3 días; un hombre de 50, cada 4 días, etc. Si realiza ejercicios tántricos debe eyacular al finalizarlos y orinar después para aliviar la próstata y limpiar los conductos deferentes.
Los Tántricos prevédicos, matriarcales, valoraban la entrega activa de su mujer, hasta el punto de honrarla y venerarla como una Diosa. Para ellas complacer a su amado era el camino directo para sentarse a la derecha de la Gran Diosa. También, una forma de honrar y respetar a su amado. Los patriarcales consideraban, como toda religión patriarcal, que si su esposa no se entregaba a ellos, era eso motivo de desobediencia. Ellos consideraban que era obligación de la mujer entregarse activamente a ellos. Aquí empezó el complejo de inferioridad del hombre y sus ansias de dominación. Todo tirano, dictador, monoteísta lleva un cobarde en su interior. Inferioridad e ignorancia se encuentran unidas en la tradición de los brahamnes, cristianos, musulmanes y judíos.
En la tradición Tántrica prevédica la participación voluntaria y activa de la mujer y el hombre en el maithuna era algo más que sagrado. Es por ello, que en esa época existían muchísimas mujeres yoguis que eran las iniciadoras y maestras de esta tradición. Con la invasión de los arios, la imposición de los Vedas, y el sistema de castas, la mujer fue discriminada y reducida a la última y más baja de las castas.
La teología Tántrica prevédica otorgó a lo femenino un sitio equivalente a lo masculino. La mujer era considerada como la encarnación del principio femenino más elevado, la Diosa, mucho más accesible que Dios, el principio masculino. Los Tántricos de las sectas Kaula siguen este camino. También llamados Saktas porque son devotos de la Sakti, la Diosa, en general, Kali y Durga en particular, las formas “negras” de Parvati, la consorte de Siva. Aunque lo importante era la unión de lo masculino y femenino en su interior, lo exterior no importaba para nada, por eso existen tántricos que no tienen pareja, que viven sólo en cuevas, lejos de la sociedad o algunos inmersos en el cosmopolitismo de las ciudades pero sin formar parte de ellas.
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