La danza de Siva

Hace ya más de 6000 años, quizá muchos más, una de las civilizaciones más avanzadas de la antigüedad poblaba el noroeste de la India. Los dravidianos del Valle del Indo ya mantenían intensas relaciones con Sumeria y el Egipto anterior a Menes. En las drávidas ciudades de Harappa y Mohenjo Daro existió un célebre danzarín que improvisaba una extraña danza cuyos movimientos sofisticados, precisos y virtuosos conmovían el ánimo de cuantos lo contemplaban.

Ese lenguaje corporal no era exactamente una danza aunque, indudablemente, la inspiró. La insólita destreza, extraña belleza y audacia del desconocido artista resultaba irresistible por la expresividad y la profundidad que transmitía. Muchos suplicaban al desconocido bailarín que les enseñara su arte. Él, así lo hizo. Al comienzo, un método tan novedoso no tenía ningún nombre. Era algo espontáneo que surgía de lo profundo, de algún lugar misterioso y recóndito del Ser, que encontraba su eco en el corazón de aquellos que habían nacido agraciados con el don de una sensibilidad refinada.

Los años pasaron, el gran bailarín transmitió a unos pocos gran parte de su conocimiento. Un día, mucho tiempo después, el danzarín pasó a planos invisibles para nuestros ojos físicos. Sin embargo, su arte no murió. Los discípulos más fieles lo preservaron intacto asumiendo la misión de continuar sin alterar ni modificar en nada la original enseñanza que habían recibido de su venerado Maestro. En algún momento de la historia, alguien llamó a este arte: Yoga. Y su fundador entró así, a formar parte de la historia sagrada con el nombre de Siva, y con el atributo especial de Nataraja, Rey de los bailarines.

Hoy día, es muy difícil encontrar en el mundo auténticos discípulos del Gran Danzarín que puedan transmitirnos su conocimiento, sin que los orígenes de aquel sagrado arte se vean alterados y comprometidos por las leyes del consumismo más atroz y por la interferencia de la modernidad; más aún si se trata de una adaptación occidental, alienígena e incompatible con la verdadera cuna de esta ciencia milenaria que es el Saiva Yoga.

"Sólo puedo creer en un dios que sepa bailar". -Friedrich Nietzsche, filósofo alemán (1844-1900).

Para recordar: 

Los discípulos más fieles lo preservaron intacto asumiendo la misión de continuar sin alterar ni modificar en nada la original enseñanza que habían recibido de su venerado Maestro.

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    Swami Kurma Rajadasa es Monje Sivaíta, filósofo Sivaíta y Vedanta Advaita, investigador de la Consciencia, de la Naturaleza Humana y escritor.