Diario desde lo más profundo de la Selva Amazónica

Una maraña de polvo y ruidosos motocarros me esperaban al bajar del avión en una pequeña urbe. Un lugar perdido en medio de la selva amazónica donde las gentes sobreviven explotándola desde la época de su fundación por franciscanos y demás ganaderías hace más de 300 años. Genocidas culturales que aún se esfuerzan en la aculturación y lavado de cerebros de las gentes. Algunos, como por ejemplo las empresas madereras, viven por y para la depredación, la mayoría no disponen de planes de reforestación; o como las mineras, expertas en contaminar sin el más mínimo escrúpulo. Sin contar con la escasa o nula inversión gubernamental para la creación de alcantarillados y sistemas de purificación del agua por lo que se hace estrictamente necesario beber agua embotellada incluso cepillarse los dientes con ella.

De todos es sabido, pero poco o nada se hace para remediar la ingente cantidad de basuras generadas, contaminación de aguas y acuíferos por el exceso de químicos. Según los expertos antes del 2025 esta región no podrá disfrutar de agua dulce de calidad a no ser que políticos y empresas pongan un poco más de consciencia y vean que por muy corruptos que sean sin agua no podrán disfrutar de esas alforjas que tan fácilmente llenan a no ser que emigren a la Luna para encandilarse con las vistas panorámicas de una Gaia depredada. Además, las gentes deben ser educadas para que reciclen basuras y colaboren con la limpieza de calles y ríos. Recordemos que las aguas fecales y las basuras incrementan considerablemente los mosquitos, zancudos y demás insectos ávidos de excrementos humanos.

Un secreto más peliagudo conocido y callado por todos es el de la prostitución de efebos. Muchos, de todas las clases sociales, maman de tan lucrativo negocio sin la más mínima humanidad. Niños y niñas de menos de 15 años están forzados y drogados para complacer los caprichos de trabajadores mineros, directivos, empresarios, políticos, etc. Pocos esfuerzos se realizan para evitar dicha explotación infantil salvo repartir unas cuantas pegatinas por las calles y hoteles de la región. Como muchas veces he dicho: “tenemos lo que merecemos”. Efectivamente, hasta que no despertemos la basura humana continuará. Quizá necesitemos desaparecer radicalmente, el planeta lo agradecería pues en menos de 100 años se recuperaría totalmente de todo el daño que le hacemos.

En un lugar de la selva cuyo nombre prefiero omitir para que los hipócritas moralistas encargados del “orden” del Sistema lo tengan un poco más difícil, me adentré para ir al encuentro de mis Maestros Ayahuasqueros. Ayahuasqueros, y demás naturalistas, son perseguidos con pasión por la Santísima Hipocresía Moral olvidando que hay cosas más importantes que erradicar como la corrupción, las drogas, la prostitución y explotación sexual. Ya sabemos, el Sistema y sus leyes están para que los de abajo las cumplan, los de arriba disfruten de nuestra esclavitud y hagan negocio con las cosas más turbias del planeta. Incluso en el Libro del Génesis y el Libro de Enoc se dice que los ángeles de Yaveh se entregaron a la lujuria con las hermosas mujeres que habían creado y con las que tuvieron hijos gigantes. Así pues parece que está divinamente justificada dicha explotación: de lunes a sábado los explotadores explotan y los domingos van a misa para expiar sus culpas.

Escribo este relato ya lejos de la selva sobrevolandola a 12000 metros de altitud. Pero no la dejemos todavía, te invito, querido lector a que nos acompañes a sus profundidades. Permíteme esparcir mis visiones y sueños en una suerte de salvaje cosecha interior. Visiones y sueños que van emergiendo conforme la abuela se manifiesta tras la ceremonia. Descubramos juntos sus misterios. Sin que suene demasiado hiperbólico, conmovedor o patético la selva es un lugar de encuentro con lo más profundo de nuestro nahual.

Conforme nos alejamos de las urbes la basura disminuye. ¡Qué curioso, allí donde hay humanos siempre hay cucarachas, en la Antártida no existían hasta que a finales del siglo XIX los primeros colonos llegaron! Al perdernos en la verde espesura encuentro frutales de todo tipo: caobas, cedros, palo santos y palo rosas muy ricos por su aroma aunque en peligro de extinción. Y por supuesto lianas y chakrunas por doquier, inseparables para aquellos que buscan comprensión y alivio del alma.

Alejandrina y Antonio, mis maestros shipibos, me hicieron caminar todo el día en ayunas, sólo con agua. Vigilado en todo momento por grandes tarántulas, hormigas soldado, pitones, pirañas y quizá algún jaguar escondido entre la verde espesura. Mis maestros me enseñaron unas palabras secretas que a modo de mantras repetía mentalmente para pedir permiso a los espíritus y así que los diferentes pobladores no se sintieran invadidos por mi presencia dejándome caminar hacia el encuentro de la Visión.

Con más de 80 años, Alejandrina y Antonio, son delgados y muy ágiles. Sabiduría condensada en cada una de las profundas arrugas de su piel, imposible de recorrer de una vez. La primera experiencia es tan inolvidable como la desfloración y el primer viaje donde bebí, hace ya muchos años, de los labios del conocimiento jamás podrá ser olvidado. La ayahuasca, dicen los shamanes, es la abuela de toda la selva, conocida por las gentes que allí habitan desde hace más de 7000 u 9000 años. Miles de recetas existen, tantas como maestros, algo realmente comprensible debida a la rica variedad de especies vegetales en toda la cuenca del Amazonas, el río más caudaloso del planeta. ¿Por qué entonces limitarnos? ¡Aprovechemos la variedad para reconocernos mejor!

Llegó la noche, oscura, tranquila y llena de estrellas que poco pude disfrutar por el cansancio y las picaduras de insectos que camparon a sus anchas por mi piel. Caí rendido en una hamaca que instalamos entre dos grandes árboles. Los maestros dormían a mi lado en sendas hamacas y todos circundado un fuego que aguantó toda la noche. El silencio no existe, la selva está más viva durante la noche pero poco importa, el sueño me vence, duermo profundamente hasta el amanecer cuando chancamos la liana y la cocinamos a partes iguales las plantas en una gran olla durante 20 horas. El resultado fue una miel blanca, espesa, de amargo sabor pero nada desagradable que mejora su calidad con el tiempo, como los buenos vinos.

Ahora, te invito, querido lector, a que seas partícipe de este viaje. Difícilmente probarás una miel tan pura y exquisita. Te animo a conocer tu nahual, sanar tu alma, aliviar tus penas y adquirir comprehensión sobre aquello que te inquieta. La medicina está lista, los espíritus de la selva los traigo conmigo pero y tú, ¿estás preparado para tan sublime experiencia?

Para recordar: 

La Ayahuasca es una medicina del alma que existe en el Amazonas desde hace miles de años.

Para las gentes del Amazonas es la abuela porque de ella nace la sabiduría del resto de plantas medicinales.

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    Swami Kurma Rajadasa es Monje Sivaíta, filósofo Sivaíta y Vedanta Advaita, investigador de la Consciencia, de la Naturaleza Humana y escritor.