El miedo a amar

Son nuestros miedos no reconocidos ni trabajados lo que cierran nuestro corazón al amor, al amor a nosotros mismos y a los demás.

Puede imaginar que está de pie, le rodean tres círculos: un anillo exterior, uno medio y otro interior. Estos círculos le radian desde su centro a la superficie. El anillo exterior se le llamará la capa de protección, el intermedio es la capa de los sentimientos y la vulnerabilidad y el del centro es el núcleo del Ser esencial.

En el día a día, es muy común que se viva en la capa exterior, la zona de la protección; ya que aquí existe el control de las situaciones, de las emociones, de nuestros miedos y por ende, hay un sentido de protección. El vivir en ese estado de protección, puede generar seguridad, sin embargo, es un lugar vacío, nada sucede. Y al decir nada, esto implica que se protege la vulnerabilidad, bloquea las energías dolorosas, desconectando los sentimientos y el libre flujo de nuestras energías creadoras.

Para proteger su vulnerabilidad, su ego ha construido su imagen, su personaje: hippie, médico, víctima, inteligente, trabajador, mendigo, enfermo, etc. Alejándose cada vez más de su autenticidad, formando una capa de aislamiento para que nada entre y nada salga de su sistema. Como todo en la vida, hay aspectos positivos y negativos de la capa de protección. Para algunos, el ataque a la vulnerabilidad durante la infancia fue tan traumático que sin esta capa no hubiera sido capaz de llegar hasta la edad adulta. Sin embargo, esa capa ha ido acompañándolo hasta el día de hoy. Si al relacionarse con el otro, usted intenta manipular, culpar, juzgar o controlar, está actuando desde su protección.

La capa intermedia, de los sentimientos y la vulnerabilidad, es el lugar donde habitan emociones dañadas desde la infancia. Por eso el ego actúa con miedo, bajo la vergüenza y el shock, es probable que existan sentimientos de abandono, descuido, abuso, etc. Todas estas emociones se guardan aquí, en la capa media. Al ser pequeños, se le mando callar, ordenar que se estuviera quieto, que lo que usted hacía era incorrecto; por lo que fue dejando de ser libre y comenzó a seguir órdenes de los demás, a dejar de ser usted mismo.

Así mismo, si en la infancia se vivió abandonado, o alguno de los padres no estuvo presente física o emocionalmente, al igual que si hubo algún rechazo o abuso, esto aumentará el dolor de las heridas primarias que se irán guardando en la capa de la vulnerabilidad. Sin embargo, al ser tan doloroso vivir en esta capa, se traslada a la capa de protección. Como resultado de estas vivencias, se bloquea la energía sexual, creativa, amorosa, feliz y enérgica; por lo que vivimos en la vergüenza.

Por último, el más interno, a donde más tiempo se tarda llegar, se encuentra la capa de meditación y ser, aquí donde se encuentra la autenticidad, la aceptación, la tranquilidad, la confianza, el abandono a lo demás. En esta capa, no hay vulnerabilidad, no se persiguen papeles o roles de la sociedad, aquí se es uno mismo. Un gran estado de armonía con usted mismo.

Para lograr llegar a este estado del ser uno mismo, es importante curar la vulnerabilidad, meditando, vaciando, siendo honesto con uno mismo y preguntándose: ¿en qué etapa me encuentro?, ¿de dónde surge mi vulnerabilidad?, ¿cómo reacciono ante la respuesta del otro? Para así hacer consciente nuestra herida primaria.

Para recordar: 

El anillo exterior se le llamará la capa de protección, el intermedio es la capa de los sentimientos y la vulnerabilidad y el del centro es el núcleo del ser esencial.

La vulnerabilidad protege y bloquea las energías dolorosas.

Si su confianza fue dañada desde la infancia, actuará con miedo, bajo la vergüenza y el shock.

La capa de meditación y ser, es donde se encuentra la autenticidad, la aceptación, la tranquilidad, la confianza, el abandono a lo demás.

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    Swami Kurma Rajadasa es Monje Sivaíta, filósofo Sivaíta y Vedanta Advaita, investigador de la Consciencia, de la Naturaleza Humana y escritor.