¿Sabes como Devi Parvati sedujo a Siva?

Desde siempre los devas y los asuras, -dioses y demonios-, han estado guerreando para mantener el equilibrio del Universo de las apariencias, lo que los hindúes llaman Maya. Recordemos que Maya no significa que el Universo sea una ilusión sino que lo que percibimos es una ilusión, sólo vemos lo que queremos ver: síndrome de escotoma. Por encima de todo este mundo de apariencias está Siva, ecuánime, incólume y firme en su meditación, disfrutando de su silencio interior, creando y destruyendo el Universo. Tan sólo Parvati pudo seducirle, ¿cómo lo hizo?

La persuasión imposible

En cierta ocasión, hace miles de años, Indra y todos los demás dioses, preocupados porque los asuras se estaban haciendo cada vez más fuertes, pidieron audiencia a Brahma para solicitarle su ayuda. Brahma amablemente les dijo que él no podía hacer nada al respecto, tampoco Vishnú y menos aún Siva, pero un hijo de Siva, sí podría ayudarles y vencer. Indra y los demás dioses quedaron estupefactos ante tal pronóstico.
-¡Brahma, pero tú sabes que a Siva no se le puede interrumpir en su meditación, nos mataría! -replicaron los dioses.
Brahma les tranquilizó y les rogó que no se preocupasen, que Parvati, la hija del dios Himalaya, podría conseguir tan increíble hazaña.
-¿Seducir a Siva?, pero ¡eso es imposible! -objetaron nuevamente los dioses. Brahma insistió y les aconsejó:
-Id en busca de Parvati y hablad con ella.
Así lo hicieron aunque a regañadientes. Llegaron hasta las puertas de la casa de Parvati. Hablaron con su padre, que estaba muy disgustado porque su joven hija, que tenía edad suficiente para casarse y muchos y muy buenos pretendientes, sólo estaba interesada en Siva. Himalaya lo admiraba mucho, pero también sabía que era imposible perturbarlo en su meditación; ninguna diosa lo había conseguido hasta ahora y no creía que Parvati pudiera conseguirlo, era una misión inalcanzable. Indra y los demás dioses le contaron a Himalaya la conversación mantenida con Brahma, le rogaron que no se afligiese y confiase. Habían trazado un plan que seguro funcionaría.

El deseo: vida y muerte al mismo tiempo

De este modo, Indra, Agni, Kama -el dios de amor- y Primavera -su compañera- condujeron a Parvati hasta la montaña donde Siva se había retirado a meditar. Siva meditaba en lo más profundo y solitario del bosque, a las faldas del monte Kailás. Kama y Primavera habían elaborado el más sutil y amoroso hechizo, de cuantos conocían, para seducir a Siva. Bajo el influjo de la diosa Primavera, el bosque floreció de repente; los arrollos estaban rebosantes de agua fresca y los pájaros cantaban alegremente a la vida que brotaba por todas partes.

Kama se había internado en el corazón del bosque, escondido muy cerca de donde se hallaba Siva meditando. El silencio y la quietud lo envolvían todo, entonces Kama lanzó sus dardos invisibles del deseo, consiguiendo que Siva abriera los ojos y distraído llevara su atención hacia Parvati. Aunque sólo fue un instante, Siva advirtió lo sucedido, se enfureció. Abrió su temible tercer ojo y de una sola encendida mirada prendió fuego a Kama quedando reducido a cenizas. Parvati, también enfurecida, corrió hasta desaparecer en lo más sombrío bosque. Nadie le había hablado de un engaño semejante y ella sabía muy bien que esa no era la forma de seducir a Siva.

La calamidad no era sólo personal. La aniquilación de Kama provocaría que el mundo se volviera amargo, frígido y que nunca más se regenerara. Ahora, la unión entre Siva y Parvati nunca tendría lugar. Sin embargo, más tarde, a petición de los dioses, que temían que ya no hubiera más humanos que pudieran ofrecerles sus oblaciones, y por la propia intercesión de Parvati en favor de Rati, -esposa de Kama-, Siva lo hizo resucitar, asegurando, de esta manera, la fecundidad y continuidad del mundo. Pero Siva devolvió a Kama a la vida sólo como una imagen mental. Desde entonces sentimos el deseo que nos mueve, pero no sabemos quien nos mueve.

La verdadera seducción

Parvati, escondida en la espesura de un bosque cercano, se entregó durante años a la más dura de las penitencias. De este modo fue transformando todo lo humano que había en ella, convirtiéndose en una diosa: la Sakti digna de Siva. Siva quedó tan conmovido por la disciplina, el valor y la compasión de Parvati que acercó a ella rogándole que concluyera su sadhana y ella se rindió a sus brazos. Unidos, al fin, hicieron el amor cien años seguidos.

El nacimiento de Kartikeya, el dios de la guerra

Tras ese tiempo, Indra y los demás dioses seguían estando preocupados porque Parvati, a pesar de ser fértil, no concebía al hijo de Siva. Llamaron, entonces, a Agni, el dios del fuego que gracias a él, el heredero de Siva fue engendrado. Agni, furtivamente, había robado una gota de bindú de Siva y lo depositó, con sumo cuidado, en el interior de la Sakti. Al poco tiempo, Kumara -también llamado Kartikella- dios de la guerra, nació, y enfrentándose a los asuras, los venció, consiguiendo con su hazaña que la paz nuevamente volviera a prevalecer en el reino de Maya.

Kumara es también llamado Subramaniam, Sanmukha, Guha, Shadannana, Skanda o Kartikeya. Él es un cuadro de la perfección humana. Él es el dios de la guerra creado por todos los dioses para conducir a los anfitriones divinos a destruir a los demonios. Mientras que el señor Ganesha, otro de los hijos de Siva y Parvati, quita todos los obstáculos, Kartikeya concede todas las energías espirituales, particularmente la energía del conocimiento. Él tiene seis cabezas que corresponden a los cinco sentidos y a la mente.

Conclusión y meditación

Si crees que Siva son los hombres y Sakti o Parvati, las mujeres, entonces es que no has comprendido nada. Siva y Sakti están en el interior de todo hombre y de toda mujer al mismo tiempo. Siva es nuestra consciencia omnisciente y absoluta; mientras que Sakti es la energía que nos mueve. Siva es pasivo porque si es consciencia omnisciente y absoluta no puede moverse, lo engloba todo. Sakti, es nuestra parte activa, el motor que nos impulsa. Cuando inmovilizamos a la Sakti bloqueamos la energía generándose todas las enfermedades que conocemos. Conseguir tener sexo con una persona no es tener su amor. Además lo que llamas amor tan sólo es un manojo de codepencias y otras formas infernales. Sólo el ascetismo, la desprogramación, puede curarte, para así, conocer el Amor. El deseo es el motor de esta vida pero también su muerte.

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Descripción corta para bloque de autor:
Swami Kurma Rajadasa es Monje Sivaíta, filósofo Sivaíta y Vedanta Advaita, investigador de la Consciencia, de la Naturaleza Humana y escritor.
Para recordar: 

Tan sólo el ascetismo, la transformación y transcendencia de lo humano, puede seducir a Siva.

Siva no da oportunidades, Parvati no las pide, simplemente Parvati se entrega a su sadhana.

Kartikeya sostiene en una mano una lanza llamada Sakti, que simboliza la destrucción de las tendencias negativas en los seres humanos; su otra mano está bendiciendo siempre a los devotos. Su vehículo es un pavo real que agarra una serpiente con sus pies.