No nos diferenciamos de aquellos pioneros que habitaban las riberas del Indo allá por el 7000 aC, -o quizá un poco-, pues el actual homo “sapiens” es un perfecto violador del Dharma -Ley-, un depredador de la naturaleza, un gran maestro de las apariencias, atrapado en el ego y los apegos. Conforme pasan los milenios, estas actitudes nocivas se hacen más fuertes, el mundo de las formas se impone, y más aún, nos enamora.
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