Nadie miraba nunca a los ojos de los repartidores Continué mi marcha y fui al trabajo, pensando en que nunca había mirado a los ojos de un repartidor y en que, aparentemente, nadie lo hacía Sus ojos estaban vacíos, pero no solo los suyos, también los de los otros repartidores Así fue como descubrí la existencia de los “Nadie”
Si tienes solamente un plato de arroz y una lata de atún en tu casa, tu cuerpo te dice que sólo necesita el arroz para estar bien, que con eso tiene suficiente Sin embargo, tu ansiedad te exige más – Observa tu casa
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