Vencedores y vencidos: el Valle del Indo

Hay un refrán popular que dice: "si matas a una persona eres un asesino, si matas a miles un rey y si matas a millones un emperador". Vencedores son aquellos que escriben la historia a su conveniencia para aparecer como emperadores y vencidos son aquellos que se han ignorado u olvidado por la historia pero que existen para rendir pleitesía a los vencedores. Quizá por instinto de supervivencia, aún así la honestidad no consiste en decir siempre la verdad sino en dejar de mentirnos a nosotros mismos.

El racismo y la xenofobia son enfermedades mentales. Actitudes sutilmente inculcadas en nuestro inconsciente para que nos comportemos de manera terrorista, despótica o salvadora, en resumen, para que nos comportemos como jueces y verdugos. Los vencedores, los de arriba, suelen ser los que inculcan para asegurarse el poder, los de abajo aceptan ciegamente para no sentirse excluidos.

El Valle del Indo

A principios del siglo XX los ingenieros del omnipresente Imperio Británico se encontraban en la actual Pakistán construyendo la línea de ferrocarril entre Karachi y los pueblos del norte. En aquellos momentos Pakistán e India se encontraban unidas por el yugo de la Corona Británica. Los geniales ingenieros encontraron unas encantadoras piedras para la construcción de su obra ferroviaria. Así pues se dispusieron a usarlas sin dilación alguna.

Quizá por casualidad, el arqueólogo Mortimer Wheeler que pasó por allí en esos momentos, quedó horrorizado cuando descubrió que dichas piedras pertenecían a una de las civilizaciones más antiguas del planeta. Pero los intereses económicos mandan, por más que insistió no consiguió paralizar las obras, recuperar la totalidad de las piedras y así poder recomponer el puzzle de la historia local. Pero algo se pudo, Mohenjo Daro fue la primera ciudad en ser descubierta, tras ella llegaron Lothal, Harappa, etc.

Un extensión de terreno que cubre desde el nacimiento del río Indo hasta la actual Mumbai poblado por miles de personas que en aquellos momentos de la remota historia comerciaban con Egipto y Mesopotamia. Nos estamos refiriendo al periodo del 3300 al 1300 a.n.e. 2000 años de historia que culminó súbitamente cuando unos pueblos procedentes de diferentes lugares de Asia llegaron para colonizar la zona, y por derecho de conquista, quedarse con sus riquezas. Aunque el genocidio fue ayudado por el cambio climático y la sequía.

A esos pueblos se les llamó arios, su lengua el sánscrito, su religión la Védica en India y el Zoroastrismo en Persia, las actuales Iran y Afganisán. Una vez llegados a India, con la población casi exterminada, impusieron su credo a los vencidos de los que poco sabemos, su lengua pictográfica aún no fue descifrada. Los vencidos, pueblos drávidas, fueron retrocediendo ante la invasión terminando acorralados por el Océano Indico hasta terminar sucumbiendo. Y, al igual que en la guerra de Troya, los dioses ayudaban a uno u otro bando según sus conveniencias.

Los vencedores se apresuraron a imponer sus normas a través de los Vedas y el Código de Manú, legislador que elevaron dogmática y demagógicamente al grado de dios para así poder segmentar con más facilidad a la población con su sistema de castas. Los vencedores arriba, los vencidos abajo que pasarían a llamarse Śudra que significa esclavo, intocable para los religiosos. Tocarlo puede conducirte a perder tu casta, tu pureza, a descender en el estrato social más bajo. No te sorprendas, en la actualidad también existen las jerarquías sociales o abolengos y nos encanta que los de arriba nos mientan, preferimos siempre mirar a otro lado.

El Ramayana

Un ejemplo de tal demagogia política y religiosa la encontramos en el Ramayana, el segundo libro más importante de la religión védica. En dicho libro se cuenta que el rakśasa Ravana raptó a Sati, la pareja del rey ario Rama. Rakása suele traducirse por demonio, pero más concretamente es un vampiro, un comedor de sangre. Es demagógico porque al ser un vencido dravidiano no es rey de Sri Lanka sino rakśasa aunque sí es rey para su pueblo. Rama recuperó a Sati con la ayuda del dios Hanuman. Cuando regresó Rama preguntó a Sati si durante la estancia con Ravana perdió su pureza, su casta. Sati respondió que no, Ravana no la tocó ni ella pecó de pensamiento ni sentimiento. Sati imploró, suplicó, pero Rama no escuchó, desconfió abiertamente de su virtud y le aplicó con una cruel frialdad el ritual del agni parikśa.

El ritual del agni parikśa consiste en algo muy sencillo. Es algo similar a lo que hacían los católicos durante la Edad Media en Europa y América con todo aquel o aquella que tenía ideas diferentes a las de Roma, es decir, era un librepensador llamado demagógicamente hereje. Consiste en quemar viva a Sati, si ella es pura, si no ha perdido la virtud no morirá, saldrá intacta de las llamas. Si los "herejes" se arrepentían y su corazón era puro, dios los perdonará y las llamas no les quemarán. Obviamente, conoces el resultado. Nuevamente, querido lector, te digo que no te asustes ni te sorprendas, a lo largo de la historia se ha visto que en nombre de dios y del amor, en todas y cada una de las religiones, ha habido asesinatos, violaciones, pedofilias, genocidios o dicho de otra manera más demagógica: rituales. Pero nos dejamos seducir por el abolengo que nos obliga a necesitar imperiosamente las mentiras reconfortantes. Por eso el peor de todos los males es la Ignorancia.

La historia demuestra que ésta da muchas vueltas. Los vencedores pasan a ser vencidos con el tiempo. Los actuales parsis son los descendientes de los persas que mantienen su religión zoroastrista. Huyeron de la persecución de Mahoma en el siglo VII para refugiarse en la zona de la actual Mumbai. Parece que aprendieron la lección, ahora ya no obligan a nadie a aceptar su credo y se casan únicamente entre ellos por lo que están condenados a autoextinguirse. No superan los 100.000. Esto nos enseña a no ser juez de nada ni de nadie, o como decía Jesús de Nazaret: "quien esté libre de pecado que lance la primera piedra".

Para recordar: 

Si matas a una persona eres un asesino, si matas a miles un rey y si matas a millones un emperador.

Los vencedores siempre reescriben la historia a su conveniencia. Los de abajo aceptan ciegamente para no sentirse excluidos.

Para los demagogos no existen amigos o enemigos eternos, existen intereses eternos: perpetuar el poder para ellos sea como sea, caiga quien caiga.

Nos dejamos seducir por el abolengo que nos obliga a necesitar imperiosamente las mentiras reconfortantes.

La honestidad no consiste en decir siempre la verdad sino en dejar de mentirnos a nosotros mismos.

El peor de todos los males es la Ignorancia.

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    Swami Kurma Rajadasa es Monje Sivaíta, filósofo Sivaíta y Vedanta Advaita, investigador de la Consciencia, de la Naturaleza Humana y escritor.