El Amor, verdadera Transformación

El amor no es una luna de miel, ni una telenovela rosa, es una Transformación. Cuando la fase oral termina, cuando la telenovela concluye y declina el deseo impulsivo, entonces surge la posibilidad de que nazca un amor más sereno, maduro, y más auténtico. Hemos de estar dispuestos a ir más allá del ego; someternos a una verdadera revolución interna, ser vulnerables, aceptar la responsabilidad de nuestras heridas, y no vivir de expectativas, estar en contacto con nuestras necesidades y respetarnos por encima de todo.

Para los perdidos, el romanticismo es darle a la pareja valores externos, ataduras para reforzar la codependencia, para no sentir el miedo a la soledad, el abandono, el rechazo y la muerte. La pareja no es ninguna atadura, nada hay que atar, menos aún con hipotecas, hijos, perritos y gatitos. Los hijos no son un símbolo del amor como algunos creen, sino una eyaculación precoz inconsciente en la mayoría de los casos. Los hijos tampoco vienen con un pan bajo el brazo sino con montones de facturas que pagar. Nada de eso tiene que ver con el amor y sí mucho con la codependencia, con los miedos, con el crear falsas burbujas de seguridad.

Pero, "tanto subes, tanto bajas" -dice el refrán. Antes o después, la intimidad pondrá en evidencia aquello que llevamos dentro y no podemos o no queremos ver. Los hijos nacen, nos olvidamos de nosotros mismos, cuando llega la adolescencia nos damos cuenta que convivimos con una persona a la que no conocemos y a la que culpamos de nuestro sufrimiento. Podemos huir o podemos enfrentarnos, nuestra es la decisión. El amor nos atrae tanto como nos asusta, porque nos desnuda y nos expone, nos hace tocar el cielo y el infierno, nos invita a compartir, a crecer, a caer y a confiar, nuevamente.

La codependencia no sólo se manifiesta en las relaciones de pareja, sino en todos los ámbitos en los que estamos en contacto con los demás; en cualquier situación de la vida cotidiana donde nos podamos involucrar con otros individuos. Es por ello, que esta cuestión tiene tanta importancia, porque las relaciones son la piedra angular de nuestra vida. Y en este asunto, el vivir desde nuestra autenticidad, desde la atalaya de quienes realmente somos, se plantea como una necesidad absolutamente vital, prioritaria e indispensable.

El trabajo personal en relación a la codependencia, en esencia, nos pone en contacto con nuestra fragilidad, con esa parte a la que llamamos "niño interior". Es un trabajo que exige valor y honestidad. Valor para conectar y mirar de frente aquello que más miedo y vergüenza nos da; honestidad para llegar a darnos cuenta de que la causa de nuestro dolor radica, precisamente, en que para evitar ese dolor nos hemos apartado de nuestro centro y hemos desviado la mirada hacia otro lado, buscando culpables, o tal vez buscando alguna víctima propiciatoria que satisfaga nuestras necesidades más básicas.

Deja de culpar a otros por tu sufrimiento, regresa a ti mismo, a tu centro y verás la Luz.

Para recordar: 
  • Cuanto más desees que te quieran más fácilmente causas que te odien. El amor se renuncia, no se posee.

  • Hay que ser muy estricto para no ceder cuando el ego llama la atención chantajeando como víctima, salvador o juez-verdugo.

  • El amor no es una luna de miel, ni una telenovela rosa, es una Transformación.

  • Los hombres también lloran y las mujeres ven porno.

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Imagen de Devi Raboseta

Sentir miedo en el fondo y en la superficie, no es simbolo de debilidad, sino de coraje y una oportunidad de sanar tus heridas más profundas.

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Imagen de Swami KurmaRajadasa
Swami Kurma Rajadasa es Monje Sivaíta, filósofo Sivaíta y Vedanta Advaita, investigador de la Consciencia, de la Naturaleza Humana y escritor. Nace...

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